Esta historia casi se titulaba como: una historia muy larga, lo cambié justo al final de escribirla y sabrás porque cuando la leas. Vá como anexo a mi autobiografía, te dejo: la historia de la universidad.
Mientras terminaba el secundario, decidí seguir con la universidad, luego de un poco de investigación en el tema, descarté universidades y me decidí por dos.
La primera era privada, imposible para mi familia, sólo podría tomar este camino si aprobaba el examen de ingreso y recibía una beca.
La segunda era del estado y tenía el problema de que, ya en teoría, duraría un año más que el resto, por un curso de ingreso que yo creía innecesario.
Mi preferida, era también la de otros tres compañeros de clase, un inconveniente del cual me enteraría al final de los exámenes, sólo debía haber uno (como en Highlander) por escuela secundaria y lamentablemente no era yo el más destacado del grupo. El compañero que ganó la beca, fué el más destacado, casi un amigo. Yo estaba de acuerdo en que él la merecía y todavía me quedaba la segunda opción.
La intriga vino cuando mi compañero desechó esa beca por un antojo. Me pareció que sólo había concursado por la competencia que implicaba. De todos, no creo haber tenido muchas probabilidades aún sin él en el medio.
El camino sería el de la segunda opción, por lo que debería anotarme en ese inútil curso de ingreso. No fué del todo así, de hecho perdí un año extra. Hubo una materia a la cual no le presté atención por desagrado y no pude aprobarla. Las materias específicamente de historia doméstica, no están entre mis favoritas. También fué el hecho de trabajar lo que degradó mi calidad de estudiante.
Decidí que no quería perder el año, intenté darla libre, sin cursarla. Imposible. No me quedaba otra que recursar. Después de las vacaciones avergüé por teléfono para anotarme y había perdido la oportunidad de hacerlo por una semana. Lloré a gritos, sólo en mi casa (como en Home Alone), por otro cuatrimestre perdido. La depresión me alcanzó a todos los niveles, más otras razones, dejé de trabajar.
Me dijeron que intentara otra vez en el próximo cuatrimestre, así lo hice. Seguí la materia y aparte me tocó un buen profesor. La dí como nada.
Ese año casi sabático lo aproveché para aprender las cosas que uso hoy día para trabajar. Y para mí, fué uno de los períodos de mayor libertad física y artística en mi vida. Hacía lo que quería; todo el día.
Habían sido dos años ya desde egreso de la secundaria, no me acordaba nada de todo lo que había aprendido. Lo más fresco era lo más inútil.
Empecé con las materias de las sugeridas. Y empecé con un trabajo nuevo gracias a lo que había aprendido por mi mismo. De vuelta, el trabajo y la facultad eran difíciles de llevar a la par. Salía de casa a las 8 de la mañana y en el peor de los días, volvía arruinado, al otro día a la 1 de la madrugada. ¿Ahora que lo pienso, cómo aguantaba?. No tiene sentido cuestionarme el pasado; no sé que responder.
La cuestión de que tras un cuatrimestre de masacre, el resultado fué la promoción de sólo una de las materias cursadas. Repetí el proceso por otros dos cuatrimestres más. O sea, un año mas. No quería aceptarlo, darme por vencido. No era una opción renunciar a mi trabajo. Así que la reflexión fue, al año siguiente, cambiarme de universidad. Una que esté orientada a mi perfil de empleado a tiempo completo.
Para ésta época, era tan poca la importancia de la universidad que me borraron por no haber participado de un censo. Había períodos los cuales faltaba por semanas, el del censo fué uno de esos. Mala suerte, tiempo de hacer trámites. Me tuve que reinscribir inclusive en aquel curso [inútil] de ingreso, un trámite que reflejaba la idea de tortura medieval en todo su esplendor.
Bronca y elegí nueva universidad, la nueva la elegí porque parecía buena y me atendieron bien. Todo el engranaje funcionaba bien, lubricado por el dinero. Presente las solicitudes para equivalencias.
La nueva universidad la llevé con todo el primer año, fué un esfuerzo excesivo e inútil, bajé un poco el ritmo. Al año siguiente cursaba materías que no podía promocionar, por correlatividades. Trataba de llenar los espacios que dejaban las materias que tenía por equivalencias con las de años siguientes, porque las reglas del juego lo permitían.
Me desesperaba por adelantar materias, adelantar cuatrimestres, adelantar años para recuperar los años perdidos en la vieja universidad, cuatro años perdidos. Al tercer año de cursar, tuve que dejar un cuatrimestre por mi trabajo, lo mismo pasó con el siguiente. A la vuelta las reglas del juego eran otras.
Las materias que cursé desordenadas se esfumaron, tenía que recursarlas, una y otra vez. Aún habiendo tenido notas sobresalientes. La tercera parte de la carrera la tuve que recursar por querer adelantar... Y es el día de hoy que todavía sigo sin terminar.
El calendario universitario feliz termina siendo:
1997 - Egreso secundaria, intento de beca fallido.
1998 - Curso ingreso inútil, dejo de trabajar.
1999 - Año sabático, más completar el curso de ingreso.
2000 - Facultad, 2 materias promocionadas, vuelvo a trabajar.
2001 - Facultad, 1 materia promocionada.
2002 - Nueva universidad varias materias promocionadas, algunas pendientes.
2003 - Materias promocionadas, más pendientes.
2004 - Materias pendientes, cambio de reglas del juego.
2005 - Perdición, vencimiento que provoca recursar.
2006 - Más materias. ¿Egreso?.
2007 - [Me vuelo los sesos] Hago una fiesta.
No hay curso de verano que me salve. Recién me doy cuenta que ya llevo ocho años y contando en esto de la universidad. Si me preguntan porque estoy caído, puedo decir que es por esto. Y otra cosa, justo en el 1999 dejé de trabajar y fue el año sabático. ¡Qué fecha especial!. ¿Habrá sido porque era el fin del mundo?. ¿En lo profundo le creí a Nostradamus?.
Siempre me acuerdo que mi viejo insistía en que fuera a una privada de entrada. Estoy en la etapa de mi vida en la que el viejo tenía razón.
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